La tortura de Aston Martin no parece tener fin. Cada fin de semana, se descubre una tara nueva del AMR26. Que si la caja de cambios, que si la pobre gestión energética, que si el asiento, que si el chasis, etc.
Tal vez la mejor cualidad del equipo en estos meses oscuros estancados en el fondo de la parrilla esté siendo su autocrítica y su realismo. En este sentido, el máximo exponente este año en Silvertone está siendo Lance Stroll.
“Estamos aprendiendo cada semana, en cada carrera. Tenemos diferentes problemas, cada fin de semana tiene sus propios desafíos y sus propios puntos de aprendizaje”, suelta el canasdiense en Montmeló.
Preguntado por los objetivos de otro fin de semana en el que se les espera en el fondo de la parrilla, asume que su lucha vuelve a estar con los Cadillac: “Eso es todo, esta es la batalla en la que estamos en ahora, hasta que tengamos una mejora”.
¿Cómo puede tener tanta paciencia? “Somos un equipo, tenemos gente como Adrian (Newey), que no se unió hace mucho, y Enrico (Cardille), son personas extremadamente talentosas. Adrian es la persona más exitosa en la Fórmula 1. Creo que todo el mundo está esperando la mejora. ¿Será suficiente para luchar delante, como en 2023? Tal vez no, pero ya es un buen paso adelante y en el futuro seguro que podemos ser muy fuertes”, dice.
Curioso, y tal vez poco realista, que mencione 2023, la época dorada de Aston Martin. La de los ocho podios de Fernando Alonso. Qué lejos queda. Enseguida, Stroll baja de la nube y vuelve a la realidad: “No espero nada, fuimos el último coche en Monaco, a pesar del punto al final, en la carrera, con todos chocando… por puro ritmo, creo que fuimos el 21 y el 22 así que creo que debería ser lo mismo aquí”.
¿Cómo se conduce un coche tan impredecible en el que falla la caja de cambios, pega bajadas aleatorias y tirones paranormales?: “No sé, tienes que intentar frenar donde crees que es el lugar correcto y a ver qué pasa”. ¿Estás a merced de lo que ocurra un poco? “Exactamente”, responde Lance.
Y un alegato sincero sobre cómo funciona este deporte: “En la Fórmula 1 eres un producto de la maquinaria que tienes. Si tienes un buen coche que tiene mucho agarre y una gran ventana de rendimiento, puedes frenar más tarde y salir de la curva cuando quieras, frenar más tarde y el coche ‘te salva’, tienes una ventana más grande de agarre para trabajar, te da más confianza y atacas los curvas… es como una bola de nieve todo”.
Esa bola de nieve es un cúmulo de problemas que, uno tras otro, dejan un monoplaza sin virtudes. “Cuando pilotas un coche bueno, das más de ti naturalmente, tienes más confianza, una ventana más grande de operación”.
Dentro de “cuatro o cinco carreras”, según el equipo, llegará el paquete que puede cambiar su temporada: “Ojalá llegue lo antes posible, será antes de verano o puede que justo después, estamos yendo a tope”.
Tal vez el canadiense haya sido el que más ha levantado la voz en la parrilla sobre la actual generación de coches. Desde el primer día de test, no se ha guardado nada.
En Montmeló, más perlas: “Deberíamos volver a los V8 el año que viene, si me preguntas, pero entiendo que todo va muy lento. Cualquiera que sepa de coches te hubiera dicho que estos coches dan asco de conducir. Era lo esperado, cualquier cosa que añada peso, como la batería y estas cosas como la regeneración y cómo tienes que conducir con la batería y no usarla. Es que no sé, no debería ser así, pero estamos en esta situación y es lo que hay”.
Un titular para reflexionar: “Los pilotos no hacen las normas, supongo, las hace otra gente”. Desde el caótico y artificial estreno en Australia, se han realizado ajustes en el reglamento para hacer las qualys más divertidas y depender menos de las baterías. Cambios insuficientes y menores, según Stroll: “Son ajustes muy pequeños. O sea, muy, muy leves”.